La vitamina B en el envejecimiento auditivo

Las vitaminas que nos proporciona una correcta alimentación nos protegen de posibles infecciones del oído interno o de enfermedades futuras. Es conocida la relación entre los casos de pérdida de audición y una mala absorción de vitaminas.

Vitaminas como la vitamina A son beneficiosas para el oído interno. Y la vitamina C y la vitamina E protegen de la pérdida de audición.

 

Es importante conocer la importancia de la vitamina B y la protección en el envejecimiento auditivo.

Según estudios realizados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), en torno al 8% de la población mundial sufre algún tipo de pérdida de audición. También se sabe que el 50% de los niños que sufren sordera congénita es por causas genéticas heredadas de sus progenitores. Por lo que es importante detectarla lo antes posible para que puedan recibir una educación adecuada a sus necesidades. Si un niño no oye bien, el lenguaje oral no podrá desarrollarse debidamente.

Otro tipo de sordera es la relacionada con el envejecimiento. Así, 1 de cada 3 personas de más de 65 años sufre de pérdida de audición. Que empeora con la edad y puede derivar en una situación de aislamiento que acelere el declive cognitivo.

 

Estudios recientes revelan que la falta de vitamina B, acelera el envejecimiento auditivo.

Las personas que llevan una alimentación baja en ácido fólico oyen peor. Y dado que la vitamina B no se sintetiza por nuestro organismo, es muy necesario incluirla en la dieta.

Además, los ácidos grasos también afectan al envejecimiento auditivo. Por lo que el consumo de ambos componentes, que disminuyen el estrés oxidativo, ayuda a prevenir la pérdida auditiva que depende de la edad.

 

Diabetes y sordera durante la tercera edad

Además de la pérdida de audición por envejecimiento, debida tanto a la falta de vitamina B como de ácidos grasos, también es sabido que las personas que padecen diabetes sufren una mayor pérdida auditiva. Esta surge por la afección que la diabetes provoca en los vasos sanguíneos y de los nervios periféricos, afectando al oído interno o a la vía auditiva.

El tratamiento se basa en el control de la diabetes y en el uso de prótesis auditivas. Pero también existen síndromes hereditarios que asocian la diabetes y la sordera. Como la herencia mitocondrial, en la que aparece primero la sordera y más tarde la diabetes. O el síndrome de Wolfram, que suele provocar diabetes, sordera e incluso problemas de visión.

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